Para comenzar deseo comentarles que, con mucho orgullo -mi edad me habilita- luzco el apelativo de “viejo”. En esta sociedad actual, parece que referirse a uno como “viejo”, significa un insulto o al menos algo no deseado ni querido. Personalmente no creo que su antónimo “joven” represente un témino ofensivo, por lo cual “viejo” tampoco debería serlo, ya que simplemente marca otra etapa de la vida.

La vejez es la última etapa de los seres vivos y una inevitable consecuencia del paso del tiempo. La realidad es que envejecemos desde que llegamos al mundo, pese a que se mencionen esas etapas de otra forma: crecimiento, maduración, juventud, adultez, hasta alcanzar la curva declinante de un cierto desgaste psicofísico, que se dará de acuerdo a las experiencias personales y a las formas de ser. Se reduce la actividad y pueden existir problemas de salud asociados a la edad, aunque como consecuencia de los avances en el campo de la salud, la vejez se extendió en el tiempo y la esperanza de vida se ha alargado para este sector de la población.

Aquí aparece el primer punto de importancia: vejez NO es enfermedad; ésta, como bien sabemos, puede aparecer también en la juventud o en la niñez. Generalmente se piensa que la vejez se caracteriza por la finalización o la reducción de la actividad laboral, pero he aquí el segundo punto: no siempre finaliza la actividad, sino que, en la mayoría de los casos, se puede transformar e incluso realizarse con mayor libertad de elección. El tercero es que la vejez puede ser una realidad que no siempre gusta, que puede oprimir y afectar psicológicamente al ser humano, pero esto tampoco es una regla exacta y permanente. Llegar a la vejez -Tercera Edad- significa enfrentar la pérdida del rol desempeñado en la sociedad, ya que se deja de trabajar en lo que se venía realizando, no se tienen las mismas cualidades físicas de la juventud y puede haber cierta confusión al afrontar el presente, pero también hay opciones importantes que nos dignifican y nos ayudan a no considerar que nuestra existencia dejó de tener sentido. Tal vez en muchos aspectos, ese sentido se afianza y se focaliza aún con mayor interés.

En la actualidad, no siempre se considera y valora la vejez como corresponde: muchos se alejan de sus parientes ancianos porque se aburren, porque están enfermos o porque no encuentran la forma de comunicarse, entre otras razones; actitud que tiene un impacto negativo en el adulto mayor, que se siente discriminado y solo; posiblemente la ecuación funcione a la inversa: el viejo se enferma, es aburrido o no se comunica, porque no se lo atiende mostrándole amor. La sociedad no funciona como en la antigüedad, donde la vejez era respetada como símbolo de autoridad y sabiduría (“Pater familias” en Roma).
En realidad podemos afirmar que el mayor problema de la vejez no es físico o biológico sino social y cultural; el envejecimiento es un proceso ineludible e irreversible, al que todos parecemos temer y ese temor nos hace olvidar que mientras nuestra vida continúe, todos pasaremos por él. Los mayores de 60 años en tiempos pasados -no muy distantes- poseían actitudes conservadoras, historias austeras, se mostraban exigentes y a su vez despreciativos con las generaciones más jóvenes dada su dificultad para comprender las nuevas realidades y sus cambios; en estos últimos años, la vejez se ha retrasado hasta después de los setenta y cinco u ochenta años y los mayores se caracterizan por su diversidad y su heterogeneidad tal como sucede en los otros grupos sociales. A estos nuevos adultos mayores, les atrae disfrutar y situarse en el bienestar, están mucho más abiertos en sus posiciones, interesados en lo que sucede a su alrededor y son más tolerantes y permisivos.

El envejecimiento y sus consecuencias se asocian en general con la pérdida: pérdida de autonomía, de funciones sensoriales, afectivas, de capacidad física o sexual, de reflejos, sociales, etc. Si bien esto es innegable deberíamos pensar también que, en esa pertenencia a un proceso vital ineludible y pese a las capacidades reducidas, podemos cumplir misiones y lograr objetivos, que pueden ser muy importantes para el devenir de nuestros semejantes. La forma de ubicarse frente a la muerte, según los tanatólogos -y creería que sin excepción-, tiene una profunda e íntima relación con la calidad de vida previa, que no depende totalmente de los bienes materiales, sino de los valores que podemos sostener y que son el sustento de nuestro pensamiento y conducta.

En su Teoría del Desarrollo Psicosocial, el psicólogo Erik Erikson propone una división de la vida del hombre en 8 etapas, cada una de las cuales lo habilita a desarrollar ciertas competencias. Si en cada etapa la persona logra ser competente de acuerdo a ese momento vital, logrará una sensación de dominio que Erikson denomina “fuerza del ego” que ayudará a resolver los objetivos de la siguiente etapa vital; además cada una se determina por un conflicto específico que ayuda al desarrollo y si se resuelve cada uno de ellos, se logra el crecimiento personal. En este escrito nos interesa hablar de la primera y la última de esas etapas: la que va del nacimiento hasta los 18 meses y la que se desarrolla desde los 60 años hasta la muerte.

La primera, denominada “Confianza vs. Desconfianza” depende de la relación creada con la madre, que determina los futuros vínculos que se establecerán con los semejantes a lo largo de su vida: sensación de confianza, seguridad, frustración, satisfacción, etc. que determinará la calidad de las relaciones.
La segunda, llamada “Integridad del yo vs. Desesperación”, es aquella donde el individuo tiende a dejar de ser productivo o al menos no produce tanto como antes. Se alteran la vida y la forma de vivir, fallecen amigos y familiares y se tienen que afrontar los duelos de la vejez.

Al hablar de la importancia del anciano en la experiencia de vida y más allá de las actividades que pueda desarrollar, debemos tener muy en cuenta esta teoría del Desarrollo Psicosocial: el punto principal de la relación entre estas dos etapas, tan distantes en apariencia, aparece cuando Erikson manifiesta que si las personas pueden narrar coherentemente su vida y analizarla con la conciencia que ha valido la pena vivírla, pueden partir con tranquilidad. Se hallarán convencidas de que su existencia ha tenido sentido con capacidad de integrar lo vivido, habiendo cumplido su meta y preparadas entonces para dejar el mundo. Esa convicción del anciano frente a la muerte, puede contribuir a brindar la confianza necesaria a quienes asoman a la vida, completando un círculo áureo esencial para la perpetuación de la especie.

Ver la ancianidad o la vejez como la posibilidad de adquirir nuevas capacidades, como faro que puede iluminar el camino de otros, como “dador” de experiencias que pueden enriquecer otras vidas y por último como encargados de completar el círculo de la vida, permite una visión mucho más amplia y luminosa de un período que a veces se presenta como oscuro.
Para todo esto no se necesita correr rápidamente, saltar como un atleta, tener buenos reflejos o no sentir dolor: sólo se necesita aceptarse, reconocerse y volcar en los otros todo lo positivo que poseemos. Es además un interesante camino para acercarse a la felicidad y a una mayor calidad de vida! Muchas gracias!

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Creo adecuado comenzar con una pequeña aclaración del funcionamiento del cerebro, según ideas de Paul MacLean, médico y neurocientífico norteamericano que se dedicó al estudio de los procesos emocionales en nuestra mente. Estos, surgen del sistema límbico (formado por varias estructuras cerebrales que regulan la fisiología humana frente a ciertos estímulos y donde se alojan nuestros instintos). Entre ellos encontramos la memoria involuntaria, el hambre, la atención, los instintos sexuales, las emociones (placer, miedo, agresividad, etc.), la personalidad y la conducta. Está formado por el tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo. El sistema interacciona velozmente (sin que necesiten mediar estructuras cerebrales superiores) con el sistema endocrino y el sistema nervioso periférico.

En 1952 MacLean propuso que hay estructuras neuronales que funcionan como un sistema de gran importancia para su desarrollo. Dentro del sistema límbico, el hipocampo es quien recibe la información del exterior (mediante los sentidos), como del interior del cuerpo; integrar ambas es la base de la experiencia emocional. Es ésta una descripción muy básica de como funciona la emocionalidad, pero la vemos suficiente para nuestro comentario. Así entonces, como nuestro sistema emocional surge del sistema límbico, nuestra racionalidad surgiría del neocórtex, que posee una diferente estructura organizativa. En 1970, amplió el desarrollo de esa concepción para explicar los procesos emocionales en su complejidad y generó la hipótesis de un cerebro triple (dada las tres etapas evolutivas que arribaron a que los mamíferos superiores posean una jerarquía de tres cerebros en uno: el "cerebro triple" o “triúnico” (inglés triune, o “tres en uno”):

El primero, “cerebro reptil o reptiliano”, compulsivo y estereotipado, comprende el tallo cerebral y regula los elementos básicos de supervivencia (ej.: las tortugas marinas que regresan al mismo lugar en que nacieron). Primero en aparecer, se define en los ganglios basales, el tronco del encéfalo y el cerebelo, responsables de la supervivencia inmediata donde anidan los comportamientos básicos, estereotipados y predecibles que señalan a vertebrados con poca evolución como los reptiles. Posee conductas simples e impulsivas, como rituales que se repiten y dependen de la fisiología del organismo: miedo, hambre, enfado, etc.

El “cerebro paleomamífero” comprende el sistema límbico, que le agrega a esos instintos básicos, la experiencia reciente. Este sistema permite que los procesos de sobrevivencia del cerebro reptil, se relacionen con el mundo externo y den por resultado la expresión de la emoción (ej.: el instinto de reproducción actúa frente a la presencia de alguien del otro sexo y genera deseo sexual). Es una estructura muy útil para el aprendizaje: si una conducta produce emociones agradables se tiende a repetirla tratando de modificar el entorno para que vuelva a producirse; si causa dolor, se recuerda para evitar experimentarla de nuevo.

El “cerebro neomamífero o neocorteza”, regula las emociones basadas en la percepción e interpretación del mundo inmediato (ej.: el amor hacia un individuo particular). Ese neocórtex es el paso evolutivo más reciente del cerebro que puede aprender de la realidad, trazar planes y diseñar estrategias complicadas y originales. El complejo reptiliano se basa en repetir procesos por lo biológico; el neocórtex analiza lo sutil del entorno y de nuestros propios actos.

MacLean sostiene que en los humanos y otros mamíferos avanzados existen los tres cerebros; que los mamíferos inferiores sólo tienen cerebros paleomamífero y reptiliano y los demás vertebrados sólo éste último. El cerebro paleomamífero (sistema límbico) liberó a los animales de los instintos estereotipados del cerebro reptil; el cerebro neomamífero permitió mayor flexibilidad a las emociones, al interpretarlas como procesos racionales y complejos que nos permiten hallar la solución de problemas y planificar la expresión emocional a largo plazo.

Vemos entonces que el miedo es un proceso instintivo que tiene su origen en el cerebro reptiliano y se traslada al sistema límbico, produciendo las emociones. Este sistema revisa constantemente (incluso durante el sueño) la información que se recibe por los sentidos mediante la amígdala cerebral, que controla las emociones básicas como el afecto y el miedo y trata en este caso de localizar la fuente del peligro. Si la amígdala se activa, se produce la sensación de miedo y ansiedad y la respuesta puede ser la huida, la lucha o la parálisis. Esa sensación produce cambios fisiológicos inmediatos: aumenta el metabolismo celular, la presión arterial, la glucosa en la sangre, la coagulación y la actividad cerebral. La sangre fluye a los músculos mayores (principalmente a las extremidades inferiores, preparando la huida), el corazón bombea sangre con más rapidez para llevar hormonas a las células (adrenalina) y hay grandes modificaciones faciales: se agrandan los ojos para mejorar la visión, se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz, se arruga la frente y los labios se estiran horizontalmente. Se demostró que el miedo se relaciona con la concentración de dopamina en la amígdala cerebral y que también se propicia por las conexiones de ésta con otras regiones del cerebro (el cíngulo). Si el sistema límbico fija la atención en la amenaza, se desactivan los lóbulos frontales, responsables de procesos cognitivos complejos o funciones ejecutivas. Si sobreviene un ataque de pánico​ la atención se fija en la amenaza y cuando síntomas como el ritmo cardíaco o la presión sanguínea se interpretan como confirmación de la misma se retroalimenta ese miedo, no se permite evaluar el riesgo real, tal como ocurre en las fobias: la atención del fóbico no puede prestar atención a otra cosa y magnifica el peligro.

Se demostró que mediante la psicoterapia se puede mejorar la comunicación de la amígdala cerebral y el cíngulo anterior, logrando que las personas aprendan a actuar con menos miedo y tener mayor seguridad en sí mismas. Así como nuestros procesos psicológicos y fisiológicos nos preparan para la lucha o la huida (las dos reacciones ancestrales frente al peligro), también puede paralizarnos y desconcertarnos frente a los acontecimientos (recordemos la desactivación de los lóbulos frontales). Por lo tanto adquiere mucha importancia la posibilidad de que, ante el miedo (generado en el cerebro reptiliano), podamos desactivar esa parálisis (producida en el sistema límbico) y reaccionar (uso del neocortex) para salir de ella.

Señalamos algunas actitudes que pueden facilitarnos el control del miedo, tales como:

  • Admitirlos: ya que los miedos existen, debemos reconocerlos y así construir la confianza.
  • Investigarlos: tratar de averiguar su origen, sin sentir vergüenza, sin culparse y aceptando que es normal padecerlos.
  • Preguntarse: ¿qué pasa frente a ese cambio que nos inspira miedo? ¿cuál puede ser la peor consecuencia? ¿qué herramientas poseemos para enfrentarlo? Probablemente al hacerlo con serenidad, nos daremos cuenta que ese miedo carece de sentido o disminuye en intensidad.
  • Accionar: parece una verdad de perogrullo, pero lo mejor para vencer el miedo es realizar o ir hacia aquello que nos lo inspira. Existen técnicas para vencer una fobia y la mayoría de ellas consisten en proceder hacia el objeto fóbico. Evitarlo, sólo aviva los fantasmas que muchas veces rodean a ese miedo.
  • Disfrutar de los logros: cada paso que damos para vencer el miedo, merece ser festejado y agradecerlo. No sólo debemos recriminarnos por lo que no hacemos, sino que también es nuestro “deber” alegrarnos por los logros.

Los miedos provienen -en su mayoría- por el temor al cambio, porque nuestras acciones nos provoquen pérdidas, porque aparezca el peligro de esa pérdida, por la crítica ante los ojos de los demás, por perder el control de la situación, etc. Son todas circunstancias donde lo que se teme son consecuencias y éstas son futuro. Cuando miramos al futuro, debemos comprender que no podemos predecirlo y que puede ser tanto positivo como negativo. No nos aferremos a lo negativo sino que démosle la oportunidad de beneficiarnos. A veces, frente a las situaciones de pánico, hablar acerca de ellas, adoptar actitudes de relajación, respirar adecuadamente, escuchar y comprender que esas sensaciones tremendas y catastróficas que sentimos no ocurrirán, puede ayudarnos a superar el miedo.

No olvidemos que frente a la reacción de nuestro cerebro reptiliano y a la incorporación de la emoción en nuestro sistema límbico, podemos oponer las capacidades de nuestro neocórtex, que nos podrá ayudar para superar la situación. Por supuesto que eso nos liberará del estrés perjudicial, nos acercará momentos de felicidad y por tanto mejorará nuestra calidad de vida. Muchas gracias!

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Muy buenos días! En ocasiones nos quejamos de lo difícil de las relaciones y olvidamos, por miedo, vergüenza, ira, etc. que hay una herramienta indispensable para la convivencia, que es el diálogo.
El vocablo proviene del griego "dia" (dos) y "logos" (palabra) y establece precisamente eso: el intercambio entre dos de una de las maravillas del hombre, la palabra. Palabra que a veces se ve afectada por pasiones y actitudes que no sabemos, no podemos o no queremos controlar: enojo, envidia, mentira o soberbia, que nos llevan con mucha facilidad a no escuchar, al insulto o a la agresión y por supuesto a la pérdida de respeto hacia el otro.
Las palabras irreflexivas o dominadas por las emociones negativas, tienden a destruir el diálogo, lo que puede significar también destruir la relación, rompiendo en instantes puentes que a veces ha sido trabajoso crear. Sentimos que si con ellas dañamos al otro, lograremos tener razón e imponerle conductas que consideramos parte de nuestras posesiones, sin percatarnos que muchas veces las conductas no nos pertenecen porque son parte de nuestra actividad inconsciente. Nunca la irreflexión ha sido positiva.

Manos escuchan
Una vez más la vida nos muestra que "después de los 50", tenemos una mayor posibilidad de reflexionar, meditar y tomar conciencia del peligro de la palabra mal usada, o peor aún de la palabra utilizada para esconder actitudes! Seamos responsables de preservar las relaciones humanas y no caigamos en la trampa del uso del diálogo impensado. Qué tengan un hermoso día!

 

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Bienvenido-Benvingut

Estimados lectores: tenemos mucho interés en invitarlos a compartir un grupo en Facebook cuyo nombre es:

"Amigándonos con la vida: para mayores de 50"

en el que buscamos compartir temas con quienes hayan llegado a esa edad y cuyo link es:

https://www.facebook.com/groups/1590794764552633/1595791497386293/?notif_t=feedback_reaction_generic&notif_id=1469718724215188

Nuestro objetivo es poner en evidencia cuan útiles y activos podemos ser luego de pasada dicha edad y como también podemos integrarnos a este "mundo cibernético", que tan eficiente es para la sociedad actual.

Nos causaría mucha satisfacción que todos quienes pertenecen a los "mayores de 50", nos visiten y se hagan miembros del grupo y además compartan ideas, pensamientos y experiencias con el resto de los integrantes. Ah. . . y también para quienes no hayan llegado a esa edad, los invitamos a unirse y compartir sus ideas y experiencias con nosotros. En definitiva:

Muy bienvenidos a todos los que quieran participar!!!

Gracias y hasta pronto!

 

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Desde el Objeto MEP, nos interesa comentar que una de las películas donde se exhibe claramente la contradicción del hombre y ese paralelismo entre lo claro y lo oscuro de su alma, es la película "La Misión", donde se puede ver también muy claramente la unión entre el conocimiento, la mente y el arte.
El hombre puede destruir lo sublime mediante lo perverso, utilizando la paradoja de hacerlo, justamente, "en nombre de lo sublime" (algo así como "debemos poseer un poderoso armamento para sostener la paz").
En dicha película, una de los elementos más destacables es la música y nos pareció muy interesante compartir un extracto de ella, dirigida por el propio Ennio Morricone, quien compuso la música del film y que pueden apreciar en el siguiente video:

Muchas gracias! Hasta pronto
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